Un universo de preguntas

 

Mi madre siempre pegunta cosas: ¿A dónde van?, ¿Qué comieron?, ¿Ya compró carro? En algunas oportunidades sus preguntas me parecían molestas. Yo siempre tan reservada, tan en lo mío, tan dueña de mis cosas. He cambiado. Hoy mi madre a la salida del médico, su médico, su oncólogo, me pregunta cosas. Se pregunta y se responde. Necesita de mis respuestas tranquilas y compasivas para seguir firme en su mundo. Hoy entiendo el tropel de preguntas con las que inundo el mundo y a los que amo. Preguntas sinceras, atropelladas, amorosas, preguntas heredadas de mi madre y que no supe ver antes. Agradezco el amor y la compasión de aquellos que me aman ante mi universo de preguntas. Ante mi necesidad de asegurar que su mundo estaba bien y saber entonces que el mío también lo está. La aceptación de esa herencia me hace hoy mejor ser humano, la constatación del amor de los que me rodea me hace ser mejor. Los honro en mi vida. Gracias por responder…

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La mano que abandona

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La tempestad en medio de la guerra.

La bala perdida de la que no se salva.

La indiferencia ante el hambre.

La traición que doblega al manso.

Las rodillas que se quiebran.

La cerviz doblada y rota.

El látigo furioso del justo que desgarra la ir-rectitud.

 

Fuiste, sin miramientos.

 

(La mano que abandona)

 

 

“Ante el dolor de los demás”

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La guerra, el dolor y la fotografía en libro de apenas 156 páginas donde Susan Sontag realiza con una asombrosa capacidad de síntesis un viaje por las guerras más importantes desde finales del siglo XVII, hasta la guerra de los Balcanes y el genocidio de Ruanda.

Desde el título hasta el final del libro, la autora nos obliga a mirar nuestra conciencia. Nos enfrenta a nuestra benevolencia en relación a las imágenes del dolor y a la importancia que le damos de acuerdo al lugar donde fueron tomadas. Nos hace preguntarnos por qué las fotografías de “La Guerra del Chaco” entre Bolivia y Paraguay realizadas por Will Ruge cayeron en el olvido, y las imágenes de “La Guerra Civil Española” aún persisten en la memoria. ¿Por qué unos y no otros?

Tal vez lo más doloroso es que nos dice que no podemos ser ingenuos al vivir asombrados por el horror de “lo que los seres humanos son capaces de infligir al otro”.  Nos advierte con dureza que “a partir de determinada edad nadie tiene derecho a semejante ingenuidad y superficialidad”.

Nos anima a no olvidar como un derecho del ser humano. La fotografía, para Sontag, permite no olvidar que al final, “la memoria es, dolorosamente, la única relación que podemos sostener con los muertos”. Nos advierte que, a veces, recordamos la fotografía y no el hecho.

En un aspecto tal vez más ligero pero no menos importante va su reflexión acerca de fotografía, arte y denuncia. ¿La fotografía puede ser arte y denuncia? ¿Puede existir sin historia, sin carteles que le den contexto? ¿Es la fotografía arte “per se” o debe contar una historia?

Como todo el pensamiento de Sontag, el libro merece una lectura y muchas relecturas.

Vivimos para los instantes

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Vivimos para los instantes. El instante como la concepción del tiempo presente. El tiempo presente como el único tiempo que nos es posible vivir. Parece fácil pero al final es el aprendizaje para vivir sin cargas. El pasado no se repetirá, aunque se parezca, aprender de él es lo único posible. Vivir sin arrastrarlo la forma de ser feliz. El futuro es la vida que llegará, el cual solo puede ser construido si logramos anclarnos al presente vivido, y construir nuestro presente como bueno, como lo que toca vivir.