Después de cada guerra / Wislawa Szymborska

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Alguien tiene que limpiar.

No se van a ordenar solas las cosas,

digo yo.

Alguien debe echar los escombros

a la cuneta

para que puedan pasar

los carros llenos de cadáveres.

Alguien debe meterse

entre el barro, las cenizas,

los muelles de los sofás,

las astillas de cristal

y los trapos sangrientos.

Alguien tiene que arrastrar una viga

para apuntalar un muro,

alguien poner un vidrio en la ventana

y la puerta en sus goznes.

Eso de fotogénico tiene poco

y requiere años.

Todas las cámaras se han ido ya

a otra guerra.

A reconstruir puentes

y estaciones de nuevo.

Las mangas quedaran hechas jirones

de tanto arremangarse.

Alguien con la escoba en las manos

recodará todavía cómo fue.

Alguien escuchará

asintiendo con la cabeza en su sitio.

Pero a su alrededor

empezará a haber algunos

a quienes les aburra.

Todavía habrá quien a veces

encuentre entre hierbajos

argumentos mordidos por la herrumbre,

y los lleve al montón de la basura.

Aquellos que sabían

de qué iba aquí la cosa

tendrán que dejar su lugar

a los que saben poco.

Y menos que poco.

E incluso prácticamente nada.

En la hierba que cubra

causas y consecuencias

seguro que habrá alguien tumbado,

con una espiga entre los dientes,

mirando las nubes.

 

Poema publicado en la revista Turia Número 124

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Cómo conquistar a “Pretty Woman”

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Todas queremos ser Julia Roberts en “Mujer Bonita”.

Así que si usted se ve ante la tarea de conquistar a una mujer por primera vez, reconquistarla después que lo mandaron para el carajo o le dijeron: _“no eres tu soy yo”. Le explico algunas cosas.

Pongamos un ejemplo, si usted se ha dedicado a enviar mensajes de “la vida es bella, sonríe”, “ten un buen fin de semana”, “cuenta conmigo para lo que haga falta”, y poco a poco la fémina en cuestión ha ido pasando de gracias a oraciones de tres o cuatro líneas. Usted está adelantando, aunque no lo crea. A más líneas más ella está pensando en endilgarle un montón de cualidades que tal vez usted tenga o no. Pero ese no es el tema en cuestión, el tema es su deseo de establecer el inicio o la continuidad en su relación.

Entonces pacientemente usted ha ido ganando terreno en su pensamiento, pero ella aún no está segura. Así que usted sigue esperando. Hasta que un día las amigas no están, el fin de semana se ve triste, y usted le envió un mensaje de: _”Feliz viernes”. Entonces, ella ve el mensaje, se le ablanda el corazón, usted le parece menos feo de lo que es (si está en la fase inicial) y si está en la de la reconquista pues decide que usted no puede ser tan malo si algún día ella se fijó en usted. Y entonces decide contactarlo y preguntarle qué tal si nos vemos el fin de semana. Y no podía ser de otra manera, el señor Murphie decidió que usted, que se ha pasado los últimos meses sin mucho plan, tenga una agenda llena. Le aconsejo que le explique a su amigo del alma porque no podrá acompañarlo en su comida dominical o lo que corresponda según el caso.  Muchos me dirán pues si ella me ama o está interesada en mi entenderá mi situación o se lanzarán, incautos ellos, a explicar que las prioridades de cada uno son importantes y que usted lo lamenta mucho.  Y además si de manera inocente usted pregunta: _ “¿Te parece entonces el martes o el próximo fin de semana?” Prepárese para que le digan que ella entiende perfectamente que usted está ocupado, pero que ella en los próximos meses va a tener seguramente y sin lugar a dudas una agenda ocupada. Eso sí  no decide contestarle con un simple: Lo entiendo.  Así que si su excusa no pasa por alguna enfermedad terminal o un entierro no le diga que no.

Cuando a usted le den una oportunidad, cualquier oportunidad, no la deje pasar. Le aseguro que en la mayoría de los casos no la volverá a tener, y si la tiene le costará el doble. Recuerde usted lleva meses tratando de derribar la barrera de la desconfianza. Eso si no desaproveche la oportunidad de decirle en tono amoroso y tierno que su amigo lo esperaba a comer, y además decirle que no siempre podrá suspender sus compromisos a último momento o lo que usted quiera dejar establecido para su futura relación. Le aseguro será escuchado con el mejor de los ánimos.

Imagínese que Richard Gere hubiera optado por no perder su vuelo a New York, ni su repleta agenda  de citas y hubiera decidido que le enviaba un mensaje a Julia explicándole todas sus prioridades, pero que y a pesar de eso, cuando volviera a Los Ángeles estaría encantado de verla. ¿Qué cree usted que hubiera pasado?

Allí se lo dejo.

 

La mirada oblicua

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Ser una buena persona no es suficiente. Hace falta algo mas, cierto instinto para reconocer como camina el otro al verlo venir; cierto olfato para oler el peligro en la distancia; una mirada mas oblicua para que el sol no nos tape la verdad. Hace falta ser de otra manera, bueno y malo a la vez. A la ingenuidad del corazón, pasada cierta etapa de nuestras vidas, hay que dejarla atrás y enfrentar la vida descarnadamente. Hay que encontrar, allí, en la intemperie, la alegría y la paz.

 

Fieras, al fin y al cabo…

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Cuando estamos heridos y la herida arde es tan difícil ejercer la humanidad y la bondad. Fieras, al fin y al cabo, luchamos por regresar a nuestra naturaleza salvaje y herir al otro. El arte del dolor y el castigo nos es harto conocido y lo ejercemos con fruición y placer, como si en el dolor del otro hubiese recompensa o un paliativo al nuestro.

 

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Amando en la imperfección

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Poder creer que alguien nos ama es casi una virtud del alma. Vivimos adoloridos por nuestra falta de comunión. Atormentados por la infantil presunción de la unidad. Aterrados por la mano que no asimos en la oscuridad. Incapaces de crear luz para verla. Seres solitarios, áridos, complejos y siempre sedientos. Sed del otro. Sed de verdad. Sed de valor. Sed de creer en la verdad de nuestra carencia más profunda: el otro, el alma, la mano, la unidad, el cuerpo, la vida… Siempre sedientos, siempre buscando, nunca conformes. Amando en la imperfección…

“Si nos dejan” publicada en el Constructor Online.

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La Rocola: esa mítica caja que tiene la magia de regalarnos sonidos. Quien no se ha visto atrapado, al toparse con una, por esa necesidad de ir a apretar el trío de botones que nos premiará con la canción escogida. En estos momentos, existen pocas o ningunas rocolas en los sitios que frecuentamos en nuestra citadina ciudad capital, Caracas. Puede ser que logremos ver todavía alguna en algún bar de pueblo, o de las antiguas parroquias caraqueñas, donde el dueño, atado a sus costumbres, todavía mantenga la mítica rocola en funcionamiento. En los últimos tiempos, muchos, sobre todo los más jóvenes, la han conocido en fiestas donde la anfitriona contrata a La Casa de las Rocolas, c.a. para que le alquile una Sinfonola Wurlitzer,  llena de discos con la música adecuada para el tipo de público que asistirá. Cosa impensable en los tiempos de mi infancia, donde me escapaba con mi moneda de un Bolívar al Resturante Brillante en La Guaira, justo al lado del de mi padre, para introducirla en aquella caja, que a mí se me antojaba mágica, ante aquella coincidencia de meter una moneda por la ranura y que sonara una canción. Eran cuatro por un bolívar. Dada mi corta edad, las canciones que sonaban eran las que el azar de mis dedos encontraba. Por lo general,  canciones del amplio repertorio del bolero y la música ranchera mexicana.  Así, que crecí, como muchos otros, acompañada por la voz de los grandes intérpretes mexicanos, como: Jorge Negrete, Pedro Infante, Javier Solís, Miguel Aceves Mejías, y por supuesto, la gran Lola Beltrán.

La  canción ranchera comienza su expansión en México a raíz de la guerra de independencia, y llega a su máximo esplendor en los años cincuenta de la mano de José Alfredo Jiménez y las grandes voces mexicanas del momento. Esta música ranchera tradicional, autóctona de México, se une con el Bolero, género que remonta sus orígenes en España, pero que encuentra su cuna en Cuba, para dar paso a lo que los entendidos llaman el Bolero Ranchera.

De todo ese amplio repertorio de canciones existe una: “Si nos dejan”, acompañante de imborrables momentos. Letra y música de José Alfredo Jiménez, considerado uno de los más grandes y profusos compositores mexicanos de música ranchera. Quién en su momento no ha cantado: “El Rey”, “Tu y la Nubes”, “No me amenaces”, “Amanecí en tus brazos”, “Un mundo Raro”, “La media vuelta”, “Te solté la rienda”. Y por supuesto, estrofas como esta: “Si nos dejan, nos vamos a vivir a un mundo nuevo. Yo creo podemos ver el nuevo amanecer de un nuevo día”.

Muchos artistas mexicanos e internacionales han grabado las canciones de Jiménez: Lucerito, Vicky Carr, Rocío Durcal, Alejandro Fernández, Pedrito Fernández, y hasta el tenor, Placido Domingo. Algunos tienen adaptaciones maravillosas a nuevos ritmos, como la que hace MANA en su álbum Unplugged de la canción: “Te Solté la Rienda”. Sin lugar a dudas, la canción mexicana y, por ende, el bolero ranchera resurgió en los años noventa de la mano de Luis Miguel, con los álbumes: “Romance”, “Segundo Romance”, y “Luis Miguel en Concierto”.  Este último grabado en vivo en 1995 y cuya gira promocional tuve la oportunidad de escuchar en Caracas, en el Estadio de Béisbol de La Rinconada, acondicionado para recibir al  que suelen llamar, el astro de la canción azteca. Allí, sentada en la Torre de Sonido por cortesía del Ingeniero de Sonido Análogo del Concierto, amigo de muchas noches en la Nueva York de estudiantes,  ubicada enfrente de la tarima, seguramente en la zona más privilegiada de todo el lugar, pude sentir más que escuchar, como Luis Miguel, cantaba: “Si nos dejan buscaremos un rincón cerca del cielo”. Esa noche, solo para mí.

https://elconstructoronline.jimdo.com/letras-por-caracas/

Ferguson y sus alter egos.

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Ferguson y sus alter egos. 4 3 2 1 es  una novela compleja. Una y muchas historias. La relación filial de amor eterno a la madre. Un retrato audaz y valiente de los años 50, 60 y 70 en la América “blanca”. Un retrato impactante por la potente voz que hoy tiene Auster. Un ejercicio alucinante de creación. Una novela que seguramente todo escritor en ciernes debe leer, para saber que ya mucho está hecho. Auster regresa rompiendo cánones. En fin, no se puede dejar de leer a 4 3 2 1. Pero si hay que saber mascar fino. Tenga paciencia con el inicio. Auster no lo pone fácil, no se rinda y siga. Le auguro un total disfrute.