Poema 3

Etiquetas

,

Vituperada vilipendiada humillada

Rasgada ensombrecida en-lagrimada

Esa mujer, ese hombre que la salva

Esa mujer, ese hombre que la besa

Esa mujer, ese hombre que la llora

Esa mujer ya no es esa niña

Esa mujer es esa mujer

Anuncios

Convocatoria especial: #SaltoAlAzul

SALTO AL REVERSO

Hoy abrimos una convocatoria en Twitter, Facebook e Instagram con el tema especial de la antología: «azul».

El hasthag elegido por el consejo editorial en votación privada fue #SaltoAlAzul.

Para participar, debes utilizar el hashtag #SaltoAlAzul para crear obras de relato, poesía o artes plásticas con el tema «azul».

azul

1. adj. Dicho de un color: Semejante al del cielo sin nubes y el mar en un día soleado, y que ocupa el quinto lugar en el espectro luminoso. U. t. c. s. m.

2. adj. De color azul.

3. m. poét. cielo (‖ esfera aparente que rodea la Tierra).

Para participar:

En Twitter: Redacta un tuit en forma de microrrelato o micropoema que contenga dentro del texto el hasthag #SaltoAlAzul. O bien, publica una fotografía, ilustración o dibujo relacionado con el tema «azul» y que mencione el hashtag #SaltoAlAzul.

En Facebook e Instagram: Publica en tu propio muro…

Ver la entrada original 473 palabras más

The Hong Kong Ballet

Etiquetas

Durante el Taller de Crónica que cursé en la Casa Rómulo Gallegos en Caracas, Roberto Echeto, nuestro profesor, nunca se cansaba de repetirnos que uno escribía de lo que a uno le daba la gana, que se podía escribir de lo que se quisiera, y así vimos crónicas de viajes, de comidas, de ciudades, de libros, de canciones y música. Allí venía Roberto todos los martes con su cargamento precioso de nuevos libros.  Sentada en el espectacular teatro que es el “Teatro Auditorio San Lorenzo de El Escorial” entendí. El Hong Kong Ballet es un cuerpo de baile, formado según dice su reseña, por alrededor de 40 bailarines que ya hoy sobrepasan las fronteras de su origen y tiene en su seno a artistas de todas partes del mundo, y de razas y colores diferentes.

Las dos primeras piezas del programa “Sacred Thread” y “Shape of Glow” muestran una técnica exquisita, un cuerpo de baile que se mueve al unísono como si fueran uno, un movimiento perpetuo que pasa de un cuerpo a otro sin nunca detenerse. Un par de obras, sobre todo la última, hechas para un cuerpo de baile que es un cuerpo en movimiento donde todas sus partes encajan. Pero es en la última, que fue la primera que vimos, donde el “Hong Kong Ballet” demuestra su fuerza. Uno escribe bien de lo que sabe, decía Roberto, una baila, vuela y siente aquello que es de uno. El Hong Kong Ballet simplemente apabulla cuando interpreta “Shenren Chang (La armonía entre los dioses y los hombres)”. Es allí en esa melodía ancestral china utilizando uno de sus instrumentos más antiguos el guqin, o cítara china, donde este ballet revela que lo que mejor hacemos es aquello que mejor conocemos, que el aprendizaje, el conocimiento o la técnica debe ser llevado dentro de la esencia de lo que somos.  “Shenren Chang” es un acto de amor y una contribución a la danza.

¿Seducción?

Clarafreire12

La seducción como acto subliminal de inteligencia emocional para el disfrute de los sentidos es un sentimiento compartido entre el que seduce y el que es seducido. Debe existir en este fluir la permisividad en el intercambio de roles. El que mira, toca y besa quiere a su vez ser mirado, tocado y besado. El deseo quiere ser deseo. Y es en este rol complementario, en este ordenado caos, es donde la seducción adquiere el tono profundo de unión con el otro. Donde deja de ser dominación, anclaje, subyugación para ser confluencia, creación, saliva, sudor, hombre, mujer, nosotros, vosotros, ellos, todos…CupidoPsique2

Ver la entrada original

Los chinos de enfrente…

Clarafreire12

La ventana de enfrente

Vivo en un ático. Mi vista hacia el mundo exterior es el cielo de Madrid y las ventanas desvencijadas de mis vecinos del edificio trasero. Hace un par de semanas comencé a escuchar los gritos lastimeros de un animal. Eso coincidió en mi memoria con la mudanza al apartamento de ventanas desvencijadas de una familia asiática. Con esa liviandad de criterios del que hacemos uso más veces de las que nos confesamos fueron catalogados como los “chinos” de enfrente. Por lo que volviendo a usar ese criterio ancestral del “Dios Sol”, la “Diosa Luna”, o lo que es igual la unión primitiva de casualidades convertidas en verdades, decidí que los gritos lastimeros provenían de la casa de los “chinos” quien seguramente estaban criando algún animal raro como un cerdo para comérselo. Mi indignación principal debo reconocer no era que se comieran al cerdo, si no que lo maltratasen. Estuve por…

Ver la entrada original 459 palabras más

Diariamente

Etiquetas

Me voy en las tardes de frío y regreso con el calor de las sábanas.
Me voy en tus desaires y regreso en tus sonrisas.
Me voy en tus palabras y regreso con tus actos.
Me voy cuando arrecia la soledad y regreso cuando me llamas.
Me voy cuando dices que no me quieres y regreso cuando siento latir el miedo en tu corazón.
Hasta cuando me voy…
Hasta cuando regresaré…

La falta de amor a la humanidad

Etiquetas

 

La falta de amor a la humanidad. ¿Con qué se come eso? En otras palabras, qué significa esa frase para el ciudadano de a pie, para el común mortal para quien vivir es tan solo amanecer.  ¿Qué significa para nosotros vivir con amor a la humanidad? ¿Pensar en el prójimo? ¿Vivir según cierta ética? ¿Ser tolerantes con otros, tanto como lo somos con nosotros mismos? ¿O, tal vez, oír al otro con un sentimiento más altruista que el fastidio, la conveniencia, o las buenas maneras? ¿Qué significa para nosotros, humanidad atiborrada por ansiolíticos, Prozac y pastillas para conciliar el sueño, querer al otro? Villoro dice que las tareas humanitarias no admiten sustituciones. Yo le agregaría, que tampoco pueden quedar para después. El amor no se puede dar, ni recibir, a la hora que nos convenga, sino en el momento en que toque a la puerta. ¿Estamos preparados para recibirlo de esa manera? En el cuento de George Wells, “La puerta en el muro”,  cada vez que al protagonista se le presentaba la puerta del jardín del paraíso se encontraba muy ocupado para entrar, al final, nos queda la duda si lo encontró o no: “El jardín mágico es uno de esos lugares que sólo se hallan cuando no se les busca” ¿Hallaremos nosotros nuestro camino a la realidad, la ética, que nos permita “vivir” en nuestra imperfección?

 

Cómo lograr vivir con ética, o, por lo menos, con honestidad ha sido un tema abordado desde Sócrates hasta Sabater, este último nos recuerda que siempre tenemos “la capacidad de elegir” y que debemos vivir bajo ciertos principios éticos que nos permitan escoger el mejor camino a seguir. Mi buen amigo, el Dr. Landaeta, siempre proclama: “Has lo que desees (entendiendo el deseo como la búsqueda de la alegría) mientras no te dañes a ti mismo, ni dañes a otro.” ¿Un tratado de la alegría? Algo difícil para nosotros que, como occidentales, hemos crecido marcados bajo el signo del sufrimiento como premio para alcanzar la felicidad en una vida más allá de esta. Lejos está Omar Khayyam y su Rubaiyat, diciéndonos: “Levántate y olvida este efímero mundo. Alégrate, aprovecha cada instante de gozo”. El dolor puede ser necesario en ocasiones,  pero nunca bueno. La alegría vive dentro de nosotros mismos. Una proeza bastante difícil para una humanidad que, en este momento, sólo encuentra consuelo en la gratificación inmediata, social y corpórea de sus propias necesidades. ¿Una crítica? De ninguna manera. La belleza forma parte de lo hermoso de la vida, pero la gratificación inmediata como forma de no encarar nuestra propia imagen en el espejo sólo conduce, a la larga, a la depresión como forma absoluta del alma para encontrar el camino hacia sí misma o hacia la muerte;  y/o peor: a la banalidad como forma de vida sin expresión del alma. ¿Qué es peor? Prefiero, en lo particular, el dolor como parte del entendimiento, a la banalidad como forma de muerte.

 

¿Por qué la depresión?  ¿Cómo llegamos a ella? ¿Es la depresión una forma de desamor a nosotros mismos? ¿Es un camino previo a la muerte? ¿Qué es la muerte entonces, un castigo a la liberación de esta vida? Prefiero la muerte como el proceso final de la vida, y  no como la liberación de ella. Llegamos a la depresión, dicen los psicólogos, después de grandes pérdidas, por supuesto, lo de grandes pérdidas lo define cada cual. Pero qué es la depresión sino la perdida de la alegría máxima,  cuyo significado es la conexión de ti mismo con la  vida, o con el amor. No hablo de la tristeza. Esa alerta para enfrentar el dolor y el fracaso, la cual es bienvenida como armadura que nos ayuda a construir una barrera de alegría para sobrevivir. Hablo de la depresión profunda, de esa que dicen que es orgánica,  la que te diagnostican cuando existe un aumento en  una enzima llamada Mono Amino Oxidaza. ¿Qué llegara primero? La pérdida profunda o el aumento enzimático. ¡¿Quién sabe?!

 

En mi propia experiencia, casi me atrevo a afirmar, sin ninguna tesis psiquiátrica cerca, que ambas deben confluir para que una situación determinada se transforme en una enfermedad paralizante. Una enfermedad que consume a mucha gente, que te obliga a permanecer en tu cama peleando en contra de la esclavitud que con grilletes te amarra a la pared y no te deja moverte, consiguiendo tan solo lacerarte las muñecas. Esa enfermedad que te separa de tus seres queridos, de tu cotidianidad, que te asusta, que te hace pensar que el exterior es un universo de terror inacabado. Esa que pierde tu mente y te hace ver dentro de ti el hilo delgado entra la locura y la razón, pero sólo dentro de ti. No le puedes gritar al mundo que lo ves, porque no tienes palabras para hacérselo saber. Es un grito desde los pulmones, pero un grito sin sonido. Es el horror de morirse internamente para luego reconstruir la vida, poco a poco, sobre campos aún humeantes, grises y desolados. Comenzando con dejar que las llamas terminen de apagarse, los edificios de caer. ¡Derrumbar, derrumbar y derrumbar! Luego, desechar. Después, ver como el milagro de la vida, la primera rama verde, se cuela entre ese campo yerto y ardiente y aparece la flor del cerezo, el fénix que muere y resucita. Eso es la depresión del ser humano común: el no entender que necesita su humanidad. Que necesita tolerancia, sabiduría, alegría, y capacidad para recibir amor con humildad. Debemos aceptar la locura, la estupidez, la insanidad y la maldad para poder reconocerla, y así,  vivir sin ella. ¿Cómo hace el ciudadano de a pie su propio decálogo? Mi respuesta: Honrando la muerte para ganar la vida con alegría.

“Hylas y las ninfas”

Etiquetas

,

Hay momentos en que las perspectivas se pierden y creo que éste es unos de ellos. El arte “cosifica” al cuerpo, tanto el femenino como el masculino, esto es un hecho, de donde toma su fuerza si no de lo humano. O acaso solo debemos pintar paisajes y naturaleza muerta por que el cuerpo es impúdico o expresa deseo. ¿Es el deseo lo que debemos controlar o su dañina violencia?

Bajo esta óptica, ¿deberíamos entonces retirar al David de Michelangelo que todos y todas vamos a admirar casi con impudicia? ¿Quitaremos a Rubens del Prado quien se dice usaba en sus “desnudos” a su esposa como modelo? Gaugin, el magnífico Gaugin, que pintaba niñas y adolescentes con los pechos al descubierto, ¿lo quemaremos? Que diremos de Lewis Carrol, ¿un pederasta?. Ya ni me atrevo a pensar en que pira quemaremos a Sade, el más sádico de los sádicos. Y podemos quemar al Marqués, pero pregunto: ¿tenemos derecho a quemar su obra?

La necesidad de poner fin a la violencia del hombre hacía el hombre, la violencia del hombre hacía la mujer, la violencia que ejercemos los seres humanos unos contra otros no está en discusión, pero podríamos reflexionar si esta rabia sin asidero no es también un tipo de violencia. Aquel que conquista un nuevo territorio, aquel que quiere imponer su pensamiento, “un nuevo orden”, destruye lo que encuentra en un acto de dominación sin importar su belleza.  Hay que tener cuidado. Evolucionar hacía una sociedad mejor significa el respeto hacia la mujer y hacia el hombre en igualdad de condiciones. No podemos tomar venganza por lo sufrido, debemos ser mejores, y ser mejor es un esfuerzo de conciencia y de creencia en la justicia. Ponderación, es necesaria la ponderación o todos perderemos mucho.

https://elpais.com/cultura/2018/02/01/actualidad/1517479506_099878.html

Polvo

Etiquetas

Descreída o descreído, adjetivo definido según el DRAE como persona sin creencia, porque ha dejado de tenerla. No hay decepción, no hay tristeza, no hay dolor, no hay rabia, no hay lágrimas, no hay alegrías, ni jolgorios, ni triunfos, ni anhelos, ni metas, solo hemos dejado de creer. Nos hemos convertido en descreídos, en decepciones ambulantes de nuestras propias pasiones, de la pasión de la vida. Parece que la humanidad, las ganas de vivir, se nos escapan ante el desconcierto de la nada. Deja de tener significado en quién o en qué creer. La vida sin sentido. Desaparecemos. Seres anodinos e insignificantes…Polvo.