“Derechos reversibles”

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Somos el camino desde donde venimos. Así nuestra mirada del mundo. La película “Tres caras” del director iraní, Jafar Panahi, me trajo a mi camino. Al camino que me llevó desde Caracas a la sala del cine Golem en Madrid. Y mi mirada se llenó de advertencias, no tanto por las tres caras femeninas de la película, si no por los derechos reversibles a los que alude. Esa frase derechos reversibles suena a mazo en el cerebro de aquellos, que como hoy los venezolanos, han perdido sus derechos, los derechos que creemos por siempre, infinitos: el derecho a estudiar, a ser actor o actriz, a disentir, a ser mujer, a entrar y salir libremente de nuestro país, a tener una identidad, a no escondernos, el derecho a la modernidad, a los servicios, a tener un hogar, a estar en familia. En fin, exilio e insilio son dos  caras perversas de la misma moneda.

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La Serenísima

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La Serenísima es un lugar agobiante, ya lo establecen así sus cárceles donde un prisionero al entrar podía creer que nunca más saldría, o sus calles llenas de vericuetos que no llegan a ninguna parte,  una entrada puede no tener salida, edificios viejos pueden albergar sinagogas hermosas sin que el que pasee por la calle se percate de ello. Llena de turistas que pasean por sus canales con un “gondoliere” un poco aburrido de su trabajo y admiran la Plaza San Marco y su Catedral. Venecia tiene una cara para los turistas que como decía Colin siempre se pierden, y que continúan divagando tratando de encontrar el ritmo de una ciudad que se escapa al visitante, porque son sus vacaciones. Ian McEwan comienza “El placer del viajero” describiendo la ciudad, adentrándonos en esa soleada lúgubres que pude percibir cuando conocí a Venecia.No nos dice en ningún momento el nombre de la ciudad, la describe, y la hace personaje partícipe de la trama. Una ciudad a la que ellos, Colin y Mary, llegan desde lo que parece un mundo ingenuo y al que McEwan contrapone un mundo sórdido,tal vez, y solo tal vez, por ello Venecia.

Las primeras cuarenta páginas del libro confunden, envuelven en la bruma. Las últimas noventa llevan al horror de la condición humana. La bondad y la mirada franca no son siempre una pared en contra de la maldad. La inteligencia y la razón no siempre nos permiten proteger a quienes amamos. La confianza en que el mal no puede estar tan alcance de la mano nos hace ingenuos. Venecia y sus habitantes se cobran la visita. Ya tarde Mary descubre que detrás de sus canales la ciudad, como desde tiempo antiguos, contenía una “burocracia floreciente y complaciente” y que lo sucedido “era corriente dentro de una categoría bien establecida” y que la constatación de la maldad es una cuestión de todos los días

IPHONE Agosto 2015 1056

Escaleras al cielo

Distraída. Pensativa. Tomaba un té mientras miraba la gente pasar por la calle. Le daba la espalda a la barra y a las mesas del café. De pronto sentí una voz, un acento que me pareció de Colombia. Alguien que hablaba con otro por el móvil y le pedía instrucciones. Le decía qué si le ponía algo en la boca, preguntaba si había que quitarle la chaqueta. Subía la voz para pasar las instrucciones. Volteé a ver qué pasaba, logré ver a algunas personas paradas alrededor de un espacio en el piso que yo no lograba ver. Allí estaban las chicas del café llamando también por teléfono. De pronto, abrieron las dos puertas del café, el frío del otoño entró, el paisa salió, volvió a entrar, preocupado, ocupado,resolviendo, volvió a alzar la voz para decir que ya estaban aquí. Vi como la ambulancia del SAMUR se estacionaba frente a la puerta. Se bajaron los para-médicos. Mi amigo, el paisa, entró de nuevo y le dijo a un hombre que estaba cerca que no lo fuera a dejar solo. Y se fue. No era amigo de Sergio. Era un héroe anónimo ayudando a otro. Los para-médicos entraron y las personas abrieron el espacio.Por un momento vi unos pantalones negros, y un ruido seco y bronco que salía del espacio donde se habían puesto los para-médicos. Los curiosos fueron yéndose, entonces pude ver a Sergio, así lo llamó el para-médico, vestido todo de negro, pantalón, franela, zapatos, con un color cetrino, mal aspecto, la mirada perdida. Los para-médicos seguían haciéndole preguntas con él ya sentando. Aún quedaba acompañándolo un hombre de jersey color rosa. Nadie llegaba para ayudar a Sergio. Ni un amigo. Nadie preguntaba si llamaban a alguien. Sergio tampoco pedía que llamaran a nadie. Me pregunté qué sería de Sergio sin mi amigo el paisa. Me pregunté qué sería de mí en una situación como esa.Reconozco que Sergio, su ataque de epilepsia, y su soledad, no contribuyeron amainar la mía. La de alguien solo en un café cualquiera, de una ciudad cualquiera, donde no hay historia, ni camino, ni compañeros, ni padre, ni madre. Individuos anónimos, apátridas, con el hogar encima. Recogí mi abrigo y mi cartera. Fui al baño para ocultar un poco los ojos húmedos. Salí del café.  Caminando hacía el metro la muchedumbre de la calle me llevaba un poco a rastras. Al entrar en el subterráneo un músico ambulante tocaba en su guitarra, “Escaleras al cielo”. No podía ser de otra manera. Le di una moneda y sentí que la guitarra sonaba con más potencia.Tal vez solo fueron ideas mías. Necesidad de sentir alguna humanidad conectada.En el vagón del metro un anciano con la mirada perdida me recibió en el vagón.Mientras el tren me llevaba a mi estación de destino pensé que había finales que no quiero tener. Derrotas que me quiero ahorrar. Caminos que no quiero transitar. Ya afuera en el frío, en la calle llena de árboles y algo húmeda que me lleva al piso donde habito, un llanto sordo salió de mi garganta. El grito de un animal herido para el que no hay regreso a casa.

¿Quién me dará una vela por cada uno de los años muertos?

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Una vela por cada uno de los años muertos
sería una hermosa hoguera,
dormiría a su calor,
vería las llamas danzar contando mis historias,
y tal vez un hombro cálido y una mano amiga.

 

Una vela por cada uno de los años muertos
traería paz,
calentaría la cama,
y tal vez un cuerpo no ajeno sino mío
compartiría en silencio esas historias.

¿Quién me dará una vela por cada uno de los años muertos?

Algarve

Clara Freire

Bolsos de rayas blancas y rojas. Tirabuzones de espuma blanca. Un pulpo de a tres. Ocho patas de un laberinto. Ceños fruncidos. Parasoles de colores. La alegría se condensa entre los naranjas y los azules. Con que fuerza tira el mar. Vamos adelante, nos empuja hacia atrás. Remolino de emociones. Reímos como niños inocentes, como si girar en nuestro propio eje fuera el símbolo de nuestro avance. Detenidos por las olas que rompen en la orilla, y por otras que regresan al mar. Nos debatimos entre correr en la arena o adentrarnos en el Mar Fenicio que acaba en el horizonte. Ir viajando. Vislumbrar las hogueras de la costa en el medio del Océano. El sextante por amigo. Un mundo de sombrillas de colores. Calamares de arena, tobos azules, pareos de colores y esa brisa suave que roza a las niñas derribadas por la ola. Hombre de brazos cruzados. Este…

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Después de cada guerra / Wislawa Szymborska

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Alguien tiene que limpiar.

No se van a ordenar solas las cosas,

digo yo.

Alguien debe echar los escombros

a la cuneta

para que puedan pasar

los carros llenos de cadáveres.

Alguien debe meterse

entre el barro, las cenizas,

los muelles de los sofás,

las astillas de cristal

y los trapos sangrientos.

Alguien tiene que arrastrar una viga

para apuntalar un muro,

alguien poner un vidrio en la ventana

y la puerta en sus goznes.

Eso de fotogénico tiene poco

y requiere años.

Todas las cámaras se han ido ya

a otra guerra.

A reconstruir puentes

y estaciones de nuevo.

Las mangas quedaran hechas jirones

de tanto arremangarse.

Alguien con la escoba en las manos

recodará todavía cómo fue.

Alguien escuchará

asintiendo con la cabeza en su sitio.

Pero a su alrededor

empezará a haber algunos

a quienes les aburra.

Todavía habrá quien a veces

encuentre entre hierbajos

argumentos mordidos por la herrumbre,

y los lleve al montón de la basura.

Aquellos que sabían

de qué iba aquí la cosa

tendrán que dejar su lugar

a los que saben poco.

Y menos que poco.

E incluso prácticamente nada.

En la hierba que cubra

causas y consecuencias

seguro que habrá alguien tumbado,

con una espiga entre los dientes,

mirando las nubes.

 

Poema publicado en la revista Turia Número 124

Cómo conquistar a “Pretty Woman”

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Todas queremos ser Julia Roberts en “Mujer Bonita”.

Así que si usted se ve ante la tarea de conquistar a una mujer por primera vez, reconquistarla después que lo mandaron para el carajo o le dijeron: _“no eres tu soy yo”. Le explico algunas cosas.

Pongamos un ejemplo, si usted se ha dedicado a enviar mensajes de “la vida es bella, sonríe”, “ten un buen fin de semana”, “cuenta conmigo para lo que haga falta”, y poco a poco la fémina en cuestión ha ido pasando de gracias a oraciones de tres o cuatro líneas. Usted está adelantando, aunque no lo crea. A más líneas más ella está pensando en endilgarle un montón de cualidades que tal vez usted tenga o no. Pero ese no es el tema en cuestión, el tema es su deseo de establecer el inicio o la continuidad en su relación.

Entonces pacientemente usted ha ido ganando terreno en su pensamiento, pero ella aún no está segura. Así que usted sigue esperando. Hasta que un día las amigas no están, el fin de semana se ve triste, y usted le envió un mensaje de: _”Feliz viernes”. Entonces, ella ve el mensaje, se le ablanda el corazón, usted le parece menos feo de lo que es (si está en la fase inicial) y si está en la de la reconquista pues decide que usted no puede ser tan malo si algún día ella se fijó en usted. Y entonces decide contactarlo y preguntarle qué tal si nos vemos el fin de semana. Y no podía ser de otra manera, el señor Murphie decidió que usted, que se ha pasado los últimos meses sin mucho plan, tenga una agenda llena. Le aconsejo que le explique a su amigo del alma porque no podrá acompañarlo en su comida dominical o lo que corresponda según el caso.  Muchos me dirán pues si ella me ama o está interesada en mi entenderá mi situación o se lanzarán, incautos ellos, a explicar que las prioridades de cada uno son importantes y que usted lo lamenta mucho.  Y además si de manera inocente usted pregunta: _ “¿Te parece entonces el martes o el próximo fin de semana?” Prepárese para que le digan que ella entiende perfectamente que usted está ocupado, pero que ella en los próximos meses va a tener seguramente y sin lugar a dudas una agenda ocupada. Eso sí  no decide contestarle con un simple: Lo entiendo.  Así que si su excusa no pasa por alguna enfermedad terminal o un entierro no le diga que no.

Cuando a usted le den una oportunidad, cualquier oportunidad, no la deje pasar. Le aseguro que en la mayoría de los casos no la volverá a tener, y si la tiene le costará el doble. Recuerde usted lleva meses tratando de derribar la barrera de la desconfianza. Eso si no desaproveche la oportunidad de decirle en tono amoroso y tierno que su amigo lo esperaba a comer, y además decirle que no siempre podrá suspender sus compromisos a último momento o lo que usted quiera dejar establecido para su futura relación. Le aseguro será escuchado con el mejor de los ánimos.

Imagínese que Richard Gere hubiera optado por no perder su vuelo a New York, ni su repleta agenda  de citas y hubiera decidido que le enviaba un mensaje a Julia explicándole todas sus prioridades, pero que y a pesar de eso, cuando volviera a Los Ángeles estaría encantado de verla. ¿Qué cree usted que hubiera pasado?

Allí se lo dejo.

 

La mirada oblicua

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Ser una buena persona no es suficiente. Hace falta algo mas, cierto instinto para reconocer como camina el otro al verlo venir; cierto olfato para oler el peligro en la distancia; una mirada mas oblicua para que el sol no nos tape la verdad. Hace falta ser de otra manera, bueno y malo a la vez. A la ingenuidad del corazón, pasada cierta etapa de nuestras vidas, hay que dejarla atrás y enfrentar la vida descarnadamente. Hay que encontrar, allí, en la intemperie, la alegría y la paz.