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EL DERECHO A LA RABIA

Una buena amiga, quien la ha pasado bastante mal con ciertos enfermillos que le han tocado como parejas, me escribió en días recientes para expresarme la profunda rabia que la ha encendido, al pensar detenidamente sobre su vida amorosa.

Durante un tiempo se refugió en los gurús del perdón, leyó y repasó autores como Jorge Bucay, Walter Riso, Osho y demás especialistas en el alma humana, llegando a considerar hasta a Alejandro Jodorowsky, con su tinglado de Psicomagia.

Luego de poner múltiples barreras a sus emociones, por fin se dejó arrastrar por las más fuertes y redactó para enviarme, un poema de nombre: Ejercicio del resentimiento, acompañado por un preámbulo en el cual expresaba sin temores, un enorme furor “vengativo” (las comillas indican que esto último, lo guarda en la mente), hacia quienes le causaron los daños que bien conozco.

Le respondí como suelo hacerlo, validando todos sus sentimientos y autorizándole a despotricar como mejor le plazca.

Su respuesta fue una larga risa de descarga y una manifestación de su agradecimiento por no culpabilizarla o pedirle que se calmara.

¿Y por qué no enfurecerse?… ¿Acaso no se trata de una mujer sensible, a quien le duelen las injurias y los vejámenes de los abusadores?

¿Eso de, ―“Si no te aman sigue adelante llegará la persona correcta. Si estás despechada oye boleros y llora, pasará. Si te equivocaste levántate. Todos cometemos errores. Si te traicionan, el problema lo tiene el otro, ya llegara el bueno. Ten dignidad y aléjate. Busca la luz dentro de Ti. Todo lo que te pasa es lo único que podía pasarte. Tenías que estar en ese lugar. El dolor es parte del crecimiento… ¡y una mierda!”― (Cita textual), funciona bien para aliviar los dolores del alma?

¡Pues no!, les diré yo. Pregúntenle a mi amiga si se le puede negar el derecho a la rabia y que ella les responda.

Por lo que a mí respecta , puede desahogarse gritando, insultando en sus escritos, vociferando hacia el pasado… eso sí, con tal de que se comprometa conmigo a no repetir las escogencias terribles que tanto la han amargado.

CESAR LANDAETA

Ejercicio del resentimiento

Podría dedicarme a odiarte.
Emplear mis horas y mis días
en esperar tu caída
Imaginar tu declive.
Pensarte solo, solitario, huraño
viviendo de la alegría que robas.
Viendo en tus fotos como las ojeras se vuelven mas oscuras
y la sonrisa cada vez aparece menos.
Podría dedicar mi vida a odiarte.
A ver como poco a poco la soledad
carcome la poca sensación de placer que aún puedes sentir.
Podría solazarme con la pérdida sin retorno de tu hombría.
Podría recordar que ya te queda poco y que pronto no te quedará nada.
Podría odiarte toda mi vida,
solo que a ciertos muertos no se les odia
se les entierra para que se pudran.

Clara Freire

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