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No se puede enseñar a sentir.

Quién quiere aprender

ese arte maligno de melancolías en la tarde,

de añoranzas en tu cama, de risas en tu almohada.

Quién quiere aprender

ese arte que corroe los huesos dejándote blanda, débil, sumisa.

Quién quiere aprender a sentir.

Aquel que no siente entiende las ventajas de caminar en la sombra

sin quemarse.

Aquel que siente ya no puede vivir sin que su corazón lata al vaivén

de la belleza.

No hay candidatos, no hay taller, no hay profesor, ni alumno,

solo dos bandos enfrentados sin posibilidad de unión: la belleza y su sombra.

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Mi deseo de ti se apaga al recordarte.

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