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Tiempos duros para el teatro en Venezuela. Es una experiencia casi mística que en tiempos de codicia, podamos encontrar en ese viejo sótano, parte de la Iglesia San Pedro, un hueco donde se practica el arte de la verdad con devoción de creyentes. Discípulos de Sófocles y Moliere mantienen la antorcha encendida y como en los juegos olímpicos no dejan que la llama decaiga, ni se apague.

Mi primer contacto  con el “Centro de Creación Artística TET”  fue a través de un anuncio clasificado de empleos que me entregó mi papá, asiduo lector de “El Universal”. Buscaban personas con experiencia en la gerencia cultural. Mi segundo contacto fue una entrevista en el lobby del teatro justo frente a la entrada para la sala de teatro, entre el baño y las oficinas. Tres sillas dispuestas en círculo. Allí me esperaban Guillermo Díaz “Yuma” y Ludwing Pineda. La entrevista a pesar de la sencillez del entorno revestía carácter de importancia. Todos somos importantes, todo tiene su majestad, de todo y de todos aprendemos. Tiempo después de la entrevista me llamaron para decirme que deseaban que trabajara como Gerente General del TET. Me estrené en mis lides de Gerente con “Tres miradas a Chejov”, produje “Bajo la luz de su palabra”, “Demonios”, y, luego la “Noche de Molly Bloom”. Demonios, en su reposición del 2004, probablemente fue lo que podríamos llamar, tomando prestado el lenguaje cinematográfico, la última superproducción del TET. Un elenco de 12 personas. Un mega escenario. Un folleto de la obra de 16 páginas diseñado profesionalmente e impreso por cortesía de la Biblioteca Nacional. Participaron allí parte de lo que fue el TET fundador, Haidee Faverola, María Fernanda Ferro, Humberto Ortiz, Carlos Sanchez, Ludwing Pineda y, por supuesto, nuestro entrañable “Yuma”.  Mi tiempo como Gerente del TET y productora cerró con “La Noche de Molly Bloom” también, como “Demonios”, bajo la dirección de Elizabeth Albahaca.

Vinieron tiempos inciertos. Cambios en los ejes culturales. Nuevas maneras en el fluir de los fondos hacia el sector cultural. Pero el pequeño bunker anti bombas resistió, sigue allí. Las obras tal vez ya no tengan el carácter de superproducciones en términos de escenarios, folletos, o recursos físicos, pero me sigo maravillando ante cada nueva puesta en escena propia y en colaboración. La obra “Capital” prueba en Caracas con un teatro experimental apto para muy pocas salas y ya probado en otras capitales como New York, Buenos Aires o Madrid. Un teatro que apela a convencer al hombre a través de los sentidos y de una interacción directa con el público que a muchos maravilla y a otros conmueve. Comenzamos con una subasta. El ganador es el que más compra. El medio una libreta de papel que representa nuestro patrimonio. No hay mas reglas.  La trama se hila a través de la honestidad de cada uno. Nos percatamos de que entre los jugadores hay quien ofrece más de lo que tiene porque nadie se va a enterar, aquel que no ofrece por que no le alcanza el dinero, el que tiene mucho y juega con la superioridad que pareciera dar el dinero. Y luego somos juzgados sin que la verdad, la inocencia o la culpabilidad tengan relación con lo  juzgado o con la sentencia. La ley es simple galimatías, juego de poderes donde el ciudadano común se pierde y pierde o gana por asuntos de azar y no de justicia. Y lo más importante, el juicio no tiene que ver con nuestros actos pasados, la sentencia de quién será culpable corresponde al azar.

Luego nos sumergimos en la vida, inocentes y culpables, viviendo la misma vida, en el mismo escenario para todos. Cuentos. Cuatro cuentos. Cuentos de a pie, de esperanzas perdidas, recuperadas y vueltas a perder. Un niño con un balón de trapo, una niña víctima y victimario, la ilusión de poder ser otro. El espectro del ser que gime y que vemos a través de una máscara. Una máscara cómoda, una máscara que nos hace sentir bien porque oculta la falta de caridad ante el dolor ajeno. Me sentía cómoda en mi mascara. Sentí perderla. Sentí que me quitaban algo que ya era mío: la máscara.  Me arrebatan muy rápidamente el placer del sigilo, no me dejaban disfrutar el dolor.

Y luego el niño triste, la niña con su disfraz hecho jirones, el libro deseado, el juez, el testigo, el abogado defensor, el acusador, los acusados, el vendedor de almas, el testigo ingenuo, todos nos unimos a la fiesta de Serrat donde “el noble y el villano,  el prohombre y el gusano bailan y se dan la mano sin importarles la facha”. Y todos olvidamos en un momento mágico nuestras miserias y derrotas para recordar solo lo “Capital”: la vida

Marzo 2015

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