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Poder creer que alguien nos ama es casi una virtud del alma. Vivimos adoloridos por nuestra falta de comunión. Atormentados por la infantil presunción de la unidad. Aterrados por la mano que no asimos en la oscuridad. Incapaces de crear luz para verla. Seres solitarios, áridos, complejos y siempre sedientos. Sed del otro. Sed de verdad. Sed de valor. Sed de creer en la verdad de nuestra carencia más profunda: el otro, el alma, la mano, la unidad, el cuerpo, la vida… Siempre sedientos, siempre buscando, nunca conformes. Amando en la imperfección…

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