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Somos el camino desde donde venimos. Así nuestra mirada del mundo. La película “Tres caras” del director iraní, Jafar Panahi, me trajo a mi camino. Al camino que me llevó desde Caracas a la sala del cine Golem en Madrid. Y mi mirada se llenó de advertencias, no tanto por las tres caras femeninas de la película, si no por los derechos reversibles a los que alude. Esa frase derechos reversibles suena a mazo en el cerebro de aquellos, que como hoy los venezolanos, han perdido sus derechos, los derechos que creemos por siempre, infinitos: el derecho a estudiar, a ser actor o actriz, a disentir, a ser mujer, a entrar y salir libremente de nuestro país, a tener una identidad, a no escondernos, el derecho a la modernidad, a los servicios, a tener un hogar, a estar en familia. En fin, exilio e insilio son dos  caras perversas de la misma moneda.

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