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Cuántas veces no hemos oído, y cuántas veces no hemos dicho: – es que tú-  sin ni siquiera reflexionar, ni dudar, ni pensar que en ese tú, hay un nosotros, hay un yo que participa en la historia. Que es (él/ella) y, siempre, somos (nosotros/yo), parte responsable en cualquiera que fuese el papel que nos toca representar. Y cuando digo responsable no digo culpable, responsable de estar allí. Cuando le decimos al otro, es que tú, ya rompemos el dialogo, nos declaramos inocentes ante el otro, inocentes del hecho, no responsables de lo acaecido. Tal vez sería mejor empezar por: -es que yo…y darle al otro la oportunidad de repetir: -es que yo…Y encontrar desde nuestro propia adultez, desde nuestro fracaso, desde nuestra ira, desde nuestra rabia, desde nuestro amor, desde nuestra compasión lo que cada cual pone en la historia.

 

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